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Ni infierno ni paraíso fiscal

El estado de la competitividad fiscal en España

La competitividad fiscal es clave, no solo entre países sino también entre las regiones de un mismo Estado....

La competitividad fiscal es clave, no solo entre países sino también entre las regiones de un mismo Estado. Cuando esta ocurre, las diferentes entidades subestatales compiten para mantener y atraer trabajadores, empresas, inversiones… en suma, actividad económica que haga prosperar a la región y aumente la recaudación pública.

En el juego de la competencia fiscal, algunas regiones pierden y otras ganan. Pero esta no debe entenderse como un juego de suma-cero. En el cómputo global, los ciudadanos salen ganando. Primero, porque la competencia fiscal entre regiones obliga a bajar los impuestos para poder competir hasta a aquellas administraciones que son más reticentes a ello. Esto se debe a que impuestos muy elevados terminan recaudando menos si hacen que la actividad se marche a otras jurisdicciones, con lo cual estos gobiernos se ven en cierto modo forzarlos a bajarlos conforme los bajan sus competidores. Estos impuestos más bajos potencian el crecimiento económico y la creación de empleo. Además, al tener menos recursos, las administraciones necesitan gestionarlos más eficientemente. Se ven así incentivadas a recortar aquellas partidas de gasto ineficientes o innecesarias y a proveer los servicios públicos esenciales con la mejor calidad posible, pero también de la forma más barata que puedan. De esta manera, los territorios ofrecen distintas combinaciones de impuestos y servicios públicos (tanto en cantidad como en calidad) a sus ciudadanos, y estos deciden libremente en cuál vivir según sus preferencias. Así, aquellos que están dispuestos a pagar más impuestos a cambio de un mayor grado de cobertura y servicios públicos, pueden hacerlo. De igual manera, quien prefiera proveerse estos servicios por su cuenta puede mudarse a una región con impuestos más bajos. La situación continúa lejos de ser perfecta, pero la posibilidad de competir entre las regiones permite ejecutar diferentes modelos y adaptar mejor las preferencias de los ciudadanos.

En el caso de España, existe cierto grado de competencia fiscal entre las Comunidades Autónomas, pero dista mucho de ser plena y perfecta. No es plena porque las Comunidades Autónomas no disponen de todos los tributos, sino que tienen autonomía en algunos cedidos -completa o parcialmente- por el Estado central y la capacidad de crear tributos propios. El sistema tiene además varios fallos de diseño. El más importante es que las autonomías tienen grandes competencias de gasto público, pero estas son mucho más reducidas en cuanto a los ingresos. Como buena parte de los ingresos provienen de impuestos fijados y recaudados por el gobierno central y repartidos de manera “solidaria” (las comunidades que más recaudan se ven obligadas a financiar a las que menos recaudan), se generan incentivos perversos. Esto induce a algunos gobiernos autonómicos a no poner en orden sus cuentas, pues siempre pueden aprovecharse de la mayor recaudación de otras regiones y financiar así su fiesta política.

A pesar de lo anterior, las Comunidades Autónomas compiten, y la clara vencedora de esta competencia es la Comunidad de Madrid. Así se desprende del Índice Autonómico de Competitividad Fiscal 2021 que acaban de publicar la Fundación para el avance de la Libertad y la Tax Foundation y cuya autoría corresponde a Cristina Enache.

Este estudio valora los sistemas tributarios de las Comunidades Autónomas y las tres provincias vascas y los clasifica en base a su competitividad. En esta quinta edición del estudio, la clasificación es la siguiente:

Madrid encabeza la lista gracias a su buena posición en todos los tributos que se evalúan en el informe (IRPF, impuesto sobre patrimonio, impuesto sobre sucesiones, impuesto sobre donaciones e impuestos propios). Mantiene así el primer puesto, que ocupa desde el año pasado. Le siguen las tres provincias vascas y, en quinta posición, las Islas Canarias. La parte baja del ranking la habitan Cataluña (que lleva cuatro años en última posición), la Comunidad Valenciana y Aragón.

Mientras Madrid, Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Canarias obtienen buenas puntuaciones en todos los impuestos, Cataluña y la Comunidad Valenciana se encuentran entre las 5 peores regiones en casi todos los tributos (El informe provee clasificaciones para cada impuesto también). Se entiende así su pesadez en reclamar armonización fiscal y subidas de impuestos a la Comunidad de Madrid. Como no pueden ni quieren competir, piden que nos sometan a todos al mismo infierno fiscal que ellos imponen a sus ciudadanos.

El estudio además recomienda la eliminación de los tributos propios de la Comunidad de Madrid, propuesta que ya ha presentado el Gobierno regional y que espera que se apruebe en los próximos meses. Con esta arquitectura fiscal, Madrid lidera la competencia fiscal en España e incentiva al resto de las regiones a seguir su camino y bajar los impuestos a sus ciudadanos. Es por esto que defender la autonomía fiscal de Madrid frente a los ataques del Gobierno central y de otras regiones es una obligación. Sin esta autonomía, España sería un infierno fiscal.

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