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Un tributo

Milton Friedman en Europa: la Mont Pelerin Society y el liberalismo económico

UFM

La Fundación Faes recuerda el paso de Milton Friedman por la Mont Pelerin Society, red liberal constituida originalmente en Europa que contribuyó firmemente a expandir la libertad de mercado por el mundo. ...

Al contrario de lo que esperaban sus enemigos, el paso del tiempo no solo no ha enterrado la monumental obra intelectual y vital del Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, sino que ha contribuido a apuntalar su prestigio y buen nombre. Con motivo de recordar su trayectoria, la Fundación Faes le dedicó hace años una colección de artículos que merece la pena traer a colación.

Quizá el texto más interesante de todos lo firmó Pedro Schwartz, quien expuso de forma brillante la trayectoria de este estadounidense nacido en Brooklyn, en 1912, en una familia de inmigrantes judíos que dejaron atrás un pueblo radicado en lo que hoy es Ucrania. El académico español recoge así la evolución de la vida adulta de Friedman:

“En 1938 se casó con su compañera de estudios Rose Director, que había nacido en la comunidad judía de otro pueblo de Ucrania y que emigró con su familia a Oregon en el oeste de los Estados Unidos, dos años antes de que estallara la I Guerra Mundial. Ambos se integraron con éxito en la vida americana. En la encantadora memoria de sus vidas que escribieron ya octogenarios, titulada Two Lucky People (1998), “Dos personas con suerte”, se declararon ambos típicos ejemplos de la inmigración fundida en el “crisol americano” y caracterizada por un “sólido individualismo” –una visión de la vida hoy reemplazada, añadió Milton con pena, “por el multiculturalismo” y “el Estado de Bienestar”-“

“Tuvieron dos hijos, el varón de los cuales, David, es uno de los más afamados cultivadores de la economía llamada ‘libertaria’ o ‘anarco-capitalista’ –una postura intelectual que deja chiquito el capitalismo democrático de su padre–. Milton financió sus estudios con la ayuda de sus padres, de sus pequeñas actividades empresariales (como una academia de recuperación de suspensos o la venta de calcetines y corbatas universitarias), además de sus trabajos de camarero y de alguna beca con obligación tutorial. Su título de grado en economía lo obtuvo en Rutgers University, donde le cupo la suerte de recibir las enseñan- zas de Arthur Burns y Homer Jones. El primero, que llegó a presidente de la Reserva Federal, le enseñó a apreciar el modo de hacer economía de Alfred Marshall, riguroso y práctico a la vez. Jones le inició en la tradición de Chicago que le había transmitido Frank Knight, con el que Milton y Rose estudiaron más tarde: era una tradición que “ponía el acento en la libertad individual” y que era “escéptica de los intentos de interferir” en el ejercicio de esa libertad “en nombre de la planificación social o de los valores colectivos”.

A continuación, el artículo de Schwartzz se remonta a 1932. Aquel año, “Friedman pasó de Rutgers al departamento de Economía de la Universidad de Chicago para cursar el postgrado. Allí fue donde conoció a Rose, que era su compañera de pupitre en la clase de Jacob Viner. Era el momento más bajo de la Gran Depresión americana. El espíritu de esa Escuela de Chicago representada en la opinión de hoy por la persona y pensamiento de Milton Friedman, se formó en aquellos años oscuros. En Chicago se veía como posible una política de estabilización macro-económica, al contrario de lo que decía Hayek desde Londres, aunque no una política activa de expansión económica real, como reclamaba Keynes. Tras un año como estudiante de postgrado en Chicago, Friedman consiguió una beca de enseñante en la Universidad de Columbia en Nueva York, donde acabó su tesis doctoral. Pasado un año, volvió a Chicago pero aún no para quedarse allí. Para entender la contribución de Friedman al conocimiento y a la política pública, hay que saber que combinó una formación de economista con profundos estudios y prácticas aplicaciones de estadística. En efecto, en 1935 y ya doctor, Friedman inició su camino profesional como estadístico del National Resources Committee en el Washington del New Deal. Allí participó en el estudio de la estructura del consumo de las familias para la confección de cestas de bienes y servicios que sirviesen de base a índices de precios. Luego, en 1937, pasó al National Bureau of Economic Research a trabajar en la contabilidad nacional con Kuznets. Durante la II Guerra Mundial trabajó primero en el Departamento del Tesoro con Harry Dexter White en cuestiones de impuestos sobre el ingreso y el consumo, estudios que le valieron para su libro de 1957 sobre la función de consumo, tan destructivo de un elemento fundamental de la teoría de Keynes. Su formación como estadístico práctico continuó de 1943 a 1945, al ingresar en el Statistical Research Group de la Universidad de Columbia, donde, participando en la aplicación de métodos estadísticos a la calidad de diversos tipos de armamento, inventó un método de pruebas seriadas que reducía la necesidad de grandes y costosas muestras”.

Todo ello influyó en su manera de hacer economía: “ya sabemos cómo son los estadísticos de contrarios a las disquisiciones teóricas inútiles. Ellos gustan de modelos sencillos para conseguir resultados significativos. Ése fue siempre el método de Friedman: si no convencían sus argumentos deductivos basados en el análisis económico, las cifras, los datos, las estadísticas desarbolaban al enemigo. Toda su vida fue así Milton: sencillo, directo, eficaz –un temible polemista, más temible aún por su exquisita cortesía–. Tras un año en Minnesota, los Friedman finalmente volvieron a Chicago en 1946, donde Milton desempeñó su cátedra de Economía durante los siguientes treinta años”.

Fue entonces cuando Friedman empezó a adentrarse en aventuras políticas que terminaron convirtiéndole en uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX. Y todo comenzó en Europa, en 1947, cuando el destacado liberal neoyorquino viajó a Suiza para participar en la primera reunión de la Mont Pelerin Society. Así lo cuenta el artículo publicado por Faes:

“Justo después de instalarse en el Departamento a cuyo carácter y fama iba a contribuir tan señaladamente, Milton Friedman en 1947 acudió a la primera reunión de la Mont Pelerin Society, en compañía de George Stigler y Frank Knight, gracias al hermano de Rose, Aaron Director, que también formó parte de la expedición americana. El organizador de todo era Friedrich Hayek y allí se encontraron con von Mises, Karl Popper, Lionel Robbins, Wilhelm Röpke, Walter Eucken, Bertrand de Jouvenel, Fritz Machlup y otros grandes defensores de la libertad individual y el capitalismo democrático. Eran un grupo pequeñísimo de ambos lados del Atlántico, refugiado en el pico de un monte suizo, temporalmente a salvo de un mar de socialdemócratas, planificadores, intervencionistas. Ya entonces Stigler y Friedman habían tomado las armas a favor del mercado, con un innovador trabajo crítico del control de alquileres (1946)”

“Habrían de pasar aún muchos años hasta que se volvieran las tornas y los intervencionistas tuvieran que ponerse a la defensiva, pero eso fue lo que felizmente se celebrí en la reunión del 50 aniversario de la sociedad, que también tuvo lugar en Europa, en el propio Mont Pèlerin, cerca de Lausana. El salón del hotel en el que habían realizado las primeras reuniones estaba intacto. Allí tuve la oportunidad de hablar con él sobre la obra y método de Karl Popper, entre otras cuestiones”

El texto prosigue repasando las aportaciones que hizo Friedman a la economía moderna:

“En efecto, es posible clasificar las repercusiones prácticas del pensamiento de nuestro autor en dos grandes categorías. La primera es la destrucción de errores persistentes con ayuda del análisis económico y la contrastación empírica; la segunda es la propuesta directa de nuevas políticas sobre la base de razonamientos filosóficos generales. Los avances en el conocimiento básico de las leyes de funcionamiento de la sociedad los realizó principalmente en las décadas de 1950 y 1960. Esos avances estaban unidos por una íntima ligazón: la de que gracias a que Keynes había construido un sencillo modelo de la economía capitalista, refutable con la observación de los hechos, pudo ir socavando los cimientos de la macroeconomía keynesiana uno a uno, en unos pocos años. Es famoso su ensayo sobre el método en economía (1953), en el que expuso el modo de conseguir el avance de la ciencia eco- nómica, a saber, rechazar una teoría cuando no concordaba con los hechos. Esto precisamente es lo que hizo en su Teoría de la función de consumo (1957): con los conocimientos adquiridos en el National Resources Committee refutó la hipótesis de Keynes de que el consumo agregado necesariamente habría de ser una proporción decreciente del ingreso de las personas y los países, sobre la que Keynes basó su defensa del déficit público. En 1963 publicó con Anna J. Schwartz “A Monetary History of the United States, 1867-1960”, que sirvió para destruir la idea de que la Gran Depresión evidenciaba un fallo fundamental del sistema capitalista, a saber, la inestabilidad de las decisiones de inversión, cuando la culpa de su prolongación había sido una política monetaria equivocada de la Reserva Federal. Por fin, en el discurso de aceptación del Premio Nobel (1976), Friedman resumió sus demoledoras críticas de la idea de que podía reducirse el desempleo aumentando la inflación –un intercambio recogido en la falaz ‘curva de Phillips’ que también era signo distintivo de los keynesianos”.

“Me llama la atención que aún hoy en día se siga enseñando a aquellos que se inician en los estudios de economía que el gasto público es indispensable, no para suministrar bienes comunales, sino para evitar el estancamiento; que la inflación viene causada por el ‘recalentamiento’ de las economías y no por un exceso de creación de dinero; que el paro obrero puede curarse con el reparto del trabajo o con la inflación; y que el modelo IS-LM de Keynes y Hicks vale para algo . Todas estas refutaciones del modelo keynesiano llevaan a Friedman a conclusiones trascendentales de política económica: la de que no era posible combatir las depresiones con gasto público; que el dinero importa y su excesiva emisión influye a largo plazo sólo en los precios; que la inflación exacerba el desempleo”

(Habrá segunda parte)